Nos despertamos emocionados como niños: hoy tocaba la visita a la aldea de Hobbiton. Desayunamos con tranquilidad, pues teníamos tiempo. La noche había resultado muy plácida salvo por 2 trenes que pasaron por la vía que pasaba a 20 metros nuestros. No nos habíamos percatado la noche anterior.

A las 9:30 nos recogió el autobús en el i-site. Al cabo de media hora llegamos a la entrada. Allí nos juntaron con otro grupo y, tras 15 minutos en la tienda de souvenirs, iniciamos el tour. La tienda es una delicia para los frikis de El Señor de los Anillos….bueno y para los no frikis. Menos mal que
los precios eran prohibitivos. 😉

El autobús te lleva hasta una pequeña hondonada, donde esta Hobbiton. El sitio, puro reflejo de lo que es este país, es precioso. Te dan ganas de ser un Hobbit y vivir en este pequeño paraíso. A las casas no les falta detalle: ropa tendida, utensilios de trabajo, huertas, aparejos de labranza, chimeneas con humo….es increíble. Además cuenta con un pequeño lago con su molino de agua, en funcionamiento, claro está. Después de una hora y media de tour y varias fotos, llegamos a la Taberna del Dragón donde nos invitaron a una sidra. Un detalle. Muy chulo el tour. La verdad es que el precio, 47€, puede parecer caro al principio, pero creemos que merece la pena.

Después de allí, fuimos un rato a la biblioteca a conectarnos a internet y ver que hacíamos el resto del día. Decidimos ir a Tauranga, ya en la costa oeste del país. Estaba a media hora. Esta ciudad nos sorprendió en muchos aspectos. Por un lado se le veía una ciudad con mucha actividad económica y mucho movimiento en general, algo que hasta ahora no habíamos visto. Por otro lado, tenía una franja litoral preciosa con una increíble playa de arena blanca. Tras consultar en el i-site, decidimos subir el monte Maunganui. Era un volcán, en forma cónica perfecta, pero que no había llegado a explotar, con lo que no tenía cráter. Insólito. Esto nos lo contó un lugareño al cual le preguntamos como llegar arriba. Había 2 caminos, unos mas tendido y largo y otro con escalones mas corto pero empinado. Decidimos el mas tendido que es el que estaba haciendo él. Nos acompañó un rato y, tras agotarnos a los dos, le invitamos a seguir solo. ;-). Muy majo

La verdad es que las vistas desde arriba eran preciosas: se ve la cercana e increíble isla de Matakana, la ciudad, la playa de Omanu….os lo recomendamos.
Bajamos y estuvimos en la playa de Omanu, tomando fotos del atardecer y recogiendo preciosas conchas.
Cogimos el coche y camino a Waihi beach, nuestra siguiente parada, a donde llegamos al cabo de un rato. Acampamos en un lugar preparado para campervans que tenía hasta baño. Estaba al lado del mar pero con la tremenda oscuridad del lugar, lo único que podíamos ver era un cielo estrellado como en nuestras vidas.
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