Nos levantamos bastante temprano para aprovechar el día. Recogimos la tienda, lo metimos todo en el coche y aparcamos fuera del camping en el parking que había al lado de la parada del autobús interno del parque. Cogimos el primero que salió y llegamos hasta el final de la carretera, o sea unos 40 minutos.
Una vez allí hicimos lo mismo que la última tarde, es decir, hacer la caminata de media hora al lado del río hasta el final
del paseo. La diferencia es que hoy íbamos preparados para la caminata por los “Narrows”. Ibamos los dos con pantalones cortos y con las zapatillas de montaña. En diferentes puntos del parque alquilan zapatillas de montaña especiales con neopreno para andar por el agua y mojarse lo mínimo. Pero su precio, 30 $ (22 euros) por persona nos parecía excesivo. Así que decidimos mojarnos con las nuestras. ;-). También era imprescindible un palo o bastón para tener un punto de apoyo extra al cruzar el río pues el fondo era muy irregular. Todo esto lo habíamos descubierto la tarde anterior cuando acudimos hasta el inicio del trekking. 

Cuando llegamos a este punto, vimos que la gente que estaba de vuelta dejaba los palos o bastones que había utilizado para que otra gente los utilizara, o sea, que ya teníamos resuelto el últimos escollo. La primera sensación al pisar y mojarte las zapatillas y calcetines era quizás un poco desagradable pero después de 5 minutos te habías acostumbrado y el agua no estaba tan fría como parecía al principio. La verdad es que fue algo distinto ir caminando por medio del río con los pies muchos ratos en el agua  en medio de aquellas montañas tan altas. El trekking resultó muy entretenido: igual andábamos por mitad del río con agua casi hasta la rodilla en una parte estrecha del cauce como igual caminábamos por algún meandro de piedras que se había formado de manera natural. En realidad había que tener cuidado en época de lluvias pues podía crecer en pocas horas el nivel de agua del río, como ya había pasado alguna vez.
Cuando llevabámos una hora caminando decidimos dar la vuelta pues el trekking era más o menos todo el rato similar. Deshicimos el camino andado y dejamos los bastones que habíamos utilizado a la entrada del trekking. El venir temprano nos había permitido hacer el recorrido con poca gente. 

Una vez en el coche, sobre las 12 y media, pusimos rumbo a Las Vegas. Tras unas tres horas estábamos entrando en la ciudad. Fuimos directamente a casa de Lillie, nuestra anfitriona. 

Esperamos un rato hasta que llegó para saludarla y ya nos fuimos para el centro, a la famosa calle de Fremont en la parte “antigua” de la ciudad. Esta calle es puro espectáculo: casinos con espectaculares luces de Neón, salas de streap-tease, estatuas humanas, buscavidas llamando la atención de los visitantes, tirolinas por encima de la calle…y el gran espectáculo del “Fremont Street Experience”. Se trata de uno de los principales espectáculos en esta ciudad y combina luces, sonido y actuaciones. La espectacular pantalla de la bóveda utiliza más de 10 millones de luces led y 200 altavoces. En ella se representan diversas escenas referidas a Las Vegas durante la noche.

Tras este increíble paseo y todavía con la boca abierta, nos fuimos a casa a descansar. Al día siguiente visitaríamos la parte nueva.

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