Salimos de Salta el miércoles sobre las 4 de la tarde en el típico autobús imponente de 2 pisos que se gastan por estas tierras. Íbamos con la compañía Tigre Iguazú, la única que nos gestionaba todos los trayectos necesarios para llegar a Puerto Iguazú. Nos costó 152 € por persona, incluido el trayecto Puerto Iguazú – Buenos Aires, este sí, directo. Había varias compañías más como Flecha Bus o Andesmar, pero sólo te venden el
ticket hasta Posadas o Resistencia. Una vez allí te tenías que comprar los siguientes trayectos.
El autobuses era cómodo (la carretera también contribuía) y después de servirnos la cena, nos quedamos dormidos. A las 5 de la mañana nos despertaron pues nos tocaba hacer transbordo en Resistencia. Este fue rápido aunque tuvimos que trasladar las mochilas de un bus al otro medio dormidos nosotros mismo y encima pagar al del bus la “colaboración”, 0,5 €.
Una vez en el otro autobús, anduvimos un buen rato, dormidos de nuevo, pero sobre las 10 tuvimos que parar. Se había roto no sé qué correa del motor. Hora y media de espera a que trajeran y colocarán la nueva. Cerca de las 12, continuamos con nuestro recorrido. Paramos en Posadas a las 13:30 a realizar el último transbordo. Como íbamos fuera de horario, nuestra empresa contrató a la competencia, Cruz del Norte, los pasajes para no tener que esperar. Genial. Antes de las 2 estábamos de nuevo rumbo a Iguazú.
Los últimos kilómetros se nos hicieron eternos. Llevábamos más de 24 horas viajando y parábamos en TODOS los pueblos que encontrábamos y encima diluviando.
Finalmente, casi 28 después llegábamos a Puerto Iguazú. Este pueblo era bastante turístico lo que quiere decir por un lado que tenía cosas chulas que ver, las famosas cataratas, pero por otro que los alojamientos eran caros. No íbamos a encontrar nada por debajo de 10 €. Íbamos preparados y teníamos localizados los 3 de la cadena International Hostelling. Al final dimos con nuestros huesos en el Marco Polo Inn (IH) delante de la estación de autobuses. Cama en habitación compartida de 6 con baño dentro, wifi, desayuno y cocina común por 8,5 €, cada uno. Bien. Estuvimos mirando más por la zona y era el mas barato. Y estaba muy bien. Nos instalamos y fuimos a comprar comida a un autoservicio 24 horas cercano.
Después de la cena preguntamos a la chica del hostal, como estaba el tema de las cataratas. Y estos eran los precios:
– Entrada, 19 €
– Autobús de ida y vuelta, 7,26 €
– Excursión en lancha hasta la caída, 20 € (12 minutos)
– Excursión en lancha hasta la caída, incluyendo paseo en la selva y rápidos, 41 € (1 hora y cuarto)
Al final decidimos ir el primer día al lado brasileño (los precios eran iguales) para ver la parte de la Garganta del Diablo (no accesible desde el lado argentino por las crecidas) y tener una panorámica global de las cataratas. Y el segundo ir a la parte argentina, sin lanchas no nada. Así lo veíamos todo.

Ese “primer” día finalmente se retrasó pues a la mañana siguiente amaneció tronando y diluviando, tal como anunciaban las previsiones así que decidimos esperarnos. No había prisa. Aprovechamos el día para pasear y escribir. Relax total. A ver que nos deparaba el sábado, que en teoría era buen tiempo. 
El sábado amaneció indefinido, en realidad bastante nublado. Como seguíamos sin tener prisa y consultada la previsión meteorológica, decidimos post poner un día más nuestra visita a las cataratas. El domingo y el lunes las previsiones de tiempo eran magníficas así que ¿para qué ir el sábado?. Dedicamos la mañana a trabajar con el blog y las fotos y la tarde nos fuimos a conocer el hito de las tres fronteras, un punto de Puerto Iguazú donde se puede ver Paraguay, Brasil y Argentina, separados por los ríos Iguazú y Paraná. Curioso. El paseo fue realmente bonito y agradable, igual que la ciudad. Después cena y a dormir. Al día siguiente íbamos sí o sí a visitar las cataratas ;-).
Llegó el día. Hacia un día despejado. Había válido la pena esperar. Desayunamos y fuimos a la estación de autobuses que teníamos delante a esperar el autobús al lado brasileño de las cataratas (7,26 € por persona). La compañía era Río Uguazu. Salían con mucha frecuencia con lo que no hay problemas. Nosotros lo cogimos a las 10 menos cuarto. Sobre las 10 estábamos en la frontera argentina. Aquí tuvimos que bajarnos y entrar en la oficina a que nos sellarán. Subimos al autobús de nuevo y unos minutos después parábamos en la frontera brasileña. Aquí nos recogieron los pasaportes y ni bajamos. Finalmente sobre las 10:25 llegábamos a la entrada (16,12 € por persona). Estaba a reventar de gente, además era domingo. Un poco de cola y ya estábamos en las cataratas. 😉

Consejo Importante: sale mucho más económica la entrada si pagáis con tarjeta. Si lo hacéis con pesos argentino, os cobran casi el doble.
Aquí tienes que acceder con autobús (incluido en el precio de la entrada, 16,3 € por persona). Hay varias paradas pero la mayoría de la gente para en “Trilha das Cataratas”. Desde aquí empieza el recorrido a pie por un camino. Los primeros miradores te permitían tener una maravillosa vista panorámica de las cataratas del lado argentino pues estaban situadas enfrente. La verdad es que podías pasarte todo el día ahí, viendo como caía esa masa ingente de agua a lo largo de tanta extensión. Sorprenden y cautivan estas cataratas. Lástima la exagerada cantidad de gente pero era lógico en sitios tan maravillosos como estos.
Seguimos el recorrido acercándonos cada vez más a la Garganta del Diablo. Debido a las últimas crecidas que hubieron, sólo se podía contemplar esa zona desde el lado brasileño. La pasarela del lado argentino estaba destrozada. A medida que nos íbamos avanzando iba aumentando el estruendo y la bruma debido al agua. Finalmente llegamos al inicio de la pasarela más espectacular del recorrido. Era la que daba el acceso más cercano a las entrañas de la Garganta. Íbamos preparados y nos cerramos bien los anoraks. Yo llevaba a la GoPro y Anna había puesto la Nikkon dentro de una bolsa de plástico cerrada con un agujero. Aún así en 10 minutos que estuvimos allí acabamos totalmente chopados. Era rara mezcla entre sufrir pues casi no podías estar con los ojos abiertos (el agua golpeaba bastante) y alucinar por todo lo que vivías, la masa de agua cayendo enfrente tuyo, el ruido, la altura,… En cualquier caso, increíble e inenarrable. 😉

Salimos de la pasarela y nos metimos en una tienda de souvenirs cercana a secarnos y entrar en calor…y a comprar, jejeje. Al cabo de un rato salimos, tomamos las últimas fotos (el agua caía ahí al lado y subimos al nivel de la carretera. Allí había un pequeño paseo hasta la zona de restauración. Estábamos en la parte alta de las cataratas y alucinábamos. Tanta energía y movimiento en la parte baja y tanta calma en la parte alta. Curioso.
Nos sentamos a comer al sol y a “descansar” un rato de tanto. Luego cogimos el autobús interno y repetimos el viaje pero al revés. El último autobús salía a las 17:00
Llegamos al hostel y pasamos el resto del día entre paseos y la cocina del hostel. Nos habíamos quedado con ganas de mas “agua” pero no pasaba nada, al día siguiente volvíamos.
El lunes también amaneció perfecto. El autobús salía del mismo sitio aunque tardó menos al no tener que atravesar la frontera. Salimos a las 8:45 y llegamos a las 9:20. 

Tras pagar la entrada (19,8 € por persona) iniciamos el recorrido caminando por el sendero verde (600 m) que daba acceso a los edificios centrales. De camino compramos el ticket para hacer el acercamiento en lancha a la base de las cataratas (20 € por persona). Ya que estábamos allí…además si nos arrepentíamos, podíamos anularlo y nos devolvían el dinero. Decidimos realizar primero el paseo superior. Desde ahí pudimos contemplar todas las cataratas desde arriba y escuchar el tremendo estruendo que se forma. Impresionante. Salto Chico, Salto Bosseti, las cataratas gemelas de Adán y Eva…se iban sucediendo ante nuestra atónita mirada.
Acabado la parte superior, seguimos caminando por el parque para hacer el circuito inferior. Sólo la caminata ya merece la pena. Toda la zona es pura selva. La vista que se tiene de toas las cataratas anteriores una vez tienes la isla San Martín delante, es preciosa. Vas viendo los mismo saltos pero desde abajo, hasta llegar a un mirador que está a pocos metros de la caída de agua de Adan y Eva y Bosseti. Increíble. Nos mojamos tanto como el día anterior en el mirador de la Garganta del diablo 😉
De allí nos dirigimos al embarcadero para realizar el acercamiento a las cataratas. Nos equiparon con los pertinentes salvavidas y a la aventura. Estaba muy bien montado. Te llevan debajo de los saltos de los Mosqueteros y el de Mbigua. Primero te dan una pasada tranquila para hacer fotos y luego otra para mojarte por completo y disfrutar. Así lo hicieron y lo disfrutamos gritando como niños. 12 minutos pero muy intensos, grabando sólo con la GoPro, evidentemente. 😉

Tras la fuerte emoción, nos retiramos a la zona de picnic al sol para relajarnos y secarnos. Sobre las 2, nos fuimos, haciendo el recorrido inverso al de la mañana. En el camino fuimos discutiendo sobre que lado era más bonito. Conclusión unánime: hay que visitar los 2 y en el orden que lo hicimos.

Por la tarde, un poco de compras y al hostal.

Al día siguiente salíamos hacia Buenos Aires. Aprovechamos la mañana para visitar el hito de las Tres Fronteras. Era un lugar donde confluyen los ríos Iguazú y Paraná y se divisan las orillas de Paraguay Brasil desde la argentina, situada a pocos metros. Curioso. Unas cuantas fotos y nos fuimos de compras por el pueblo. Y de ahí a la estación de autobuses. El nuestro salía a las 4:30.

Total gasto para 2 personas, 5 días: 410,38 €
– Autobús Salta – Puerto Iguazú: 152 €
– Autobús a cataratas: 29,06 €
– Alojamiento: 66,3 €
– Comidas: 41,78 €
– Entrada cataratas Brasil (pago con tarjeta): 32,6 €
– Entradas cataratas Argentina: 39,59 €
– Excursión lancha cataratas: 39,96 €
– Varios: 9,08 €
Total gasto por persona, 5 días: 41,04 €/persona/día