Llegamos con nuestro vuelo sobre las 10 de la noche al aeropuerto de Lima, totalmente machacados. La noche anterior casi no dormimos en el avión y en este último trayecto tampoco pudimos descansar gran cosa. Nos tocó delante una chica que no paraba quieta y detrás un niño que no dejó de berrear casi en las 5 horas de vuelo. Si a eso  
le sumas las estrechez de los espacios en los aviones de Spirit, tienes el cocktail “perfecto” 🙁 …pero no pasaba nada. Llegábamos con mucha ilusión a Perú y además teníamos sitio donde dormir.
En Lima nos recomendaron coger sólo los taxis que se ofrecen dentro del aeropuerto. Son un pelin más caros pero son totalmente seguros. Esa noche dormíamos en el barrio residencial de La Molina, bastante alejado del aeropuerto (45 minutos). Allí vivía nuestro surfer, Vittorino. Tras llegar a su casa estuvimos un rato hablando, no mucho y nos fuimos a dormir. Lo necesitábamos.
Al día siguiente, nos levantamos temprano y enseguida empezamos las visitas. Como Vittorino, tenía su propia empresa, se tomó un par de días para ser nuestro guía. Genial. Este primer día empezamos, como toca, tomando un buen desayuno, en un mercado cercano a su casa. Todo el mundo decía que esta ciudad tenía una gastronomía muy buena y estábamos dispuestos a comprobarlo. El desayuno era una masa de maíz cocinado al vapor en hoja de bannana y con pollo dentro, el Tamal. Contundente pero muy bueno. Y acompañado del buen café de esta tierra. Empezábamos bien 😉

De ahí nos dirigimos al centro, a la zona en torno a la plaza de Armas. De camino vemos el curioso sistema de autobuses metropolitanos de esta ciudad que es como un metro pero por el exterior, con sus vías de circulación reservadas. Vittorino nos comenta que hubieron muchas quejas en su día pues la gente reclamaba este mismo sistema pero subterráneo, para no ocupar tanta vía. Tras dejar el coche, estuvimos paseando casi 2 horas con nuestro surfer que nos iba explicando los distintos edificios y lugares que íbamos viendo. En la plaza de Armas se encontraba la catedral, a la cual se accede pagando (unos 2,5€), salvo en horario de misa y el palacio del gobierno, donde tuvimos la suerte de contemplar el cambio de guardia (todos los días a las 12:00). Muy vistoso. 
En torno a la plaza de Armas se concentran todos los puntos de interés. Nosotros vimos el museo de la inquisición, el convento de Santo Domingo, la Biblioteca Nacional de Literatura,  Convento e Iglesia de San Francisco, la calle de la Unión, la plaza San Martin…era impresionante el nivel de conservación de esta zona lo cual repercutía directamente en la cantidad de turistas. Era lunes y la zona estaba llena de gente. Muy bonita. 
Tras el largo paseo, nos fuimos a comer a un sitio que conocía Vittorino el plato nacional, el ceviche. Nos sacaron un plato enorme con el ceviche en el centro y alrededor distintos acompañamientos: pulpo, calamar y almejas. Estaba todo espectacular. Y todo acompañado de Cusqueña, la cerveza negra típica de aquí. Disfrutamos de verdad la comida. Y el precio increíble, 6€ por persona. 
El ceviche es pescado crudo (lenguado, corvin u otro) mezclado justo antes de comer con limón, aji y cebolla. Es fácil de preparar y esta muy bueno.
Por la tarde, nos fuimos a visitar el distrito de Miraflores, donde se concentra toda la actividad turística (restaurantes, bares, hoteles, un centro comercial…). El barrio está situado elevado sobre el mar y tiene un precioso paseo con unas preciosas vistas al océano. También es posible bajar hasta el nivel del mar donde también se puede pasear. A pesar de ser invierno, había una gran actividad: familias paseando, mucha gente haciendo parapente, jóvenes surfeando las regulares olas del Pacífico, …. Tras las correspondientes fotos bajamos a un puerto pesquero que hay en el distrito contiguo, Barranco. Muy artesanal y con un ambiente muy auténtico. Aprovechamos para hacer fotos pues la tarde estaba cayendo y el lugar era muy fotogénico. Además se sumó un numeroso grupo de pelícanos para mejorar el paisaje 😉
Con la noche encima (sobre las 6 ya anochecía, al ser invierno) nos fuimos a cenar a la parte alta de Miraflores. Cenamos sándwiches de lechón a la plancha acompañados de la popular bebida limeña Chicha Mora, hecha a base de maíz. Buenísima.
Ya en casa, Vittorino nos enseñó a preparar otra bebida típica de Perú, fuente de controversia con Chile por la paternidad del mismo, el famoso Pisco. Potente pero buena.
Y ya a descansar que había sido un día muy laaaaargo aunque eso sí, muy bonito. 

Al día siguiente nos levantamos bien tarde. El día estaba aún más nublado que el día anterior. En invierno la ciudad permanece casi todos los días inmersa en una neblina muy constante. De ahí su sobrenombre de Lima la triste o Lima la gris. Este día fuimos a visitar el barrio de Barranco. Es la parte más Bohemia de la ciudad. La verdad es que nos sorprendió por la belleza de las casonas antiguas que puedes encontrar, muchas de ellas dedicadas ahora a la restauración. Paseando nos encontramos también con el famoso puente de los suspiros, que sirvió de inspiración a la cantante barranquina Chapuca Granda para la canción del mismo nombre. Una escultura suya se erige al lado del puente, como recuerdo. Y algún artista callejero trata de ganarse algún sol cantando sus canciones al lado de la misma. La zona esta lleno de bonitos restaurantes que ofrecen los platos típicos criollos.

Nosotros íbamos a comer en uno de ellos, el Rústica, situado al lado del bonito edificio de la biblioteca del barrio. Era un buffet libre con los todos los platos típicos criollos. O sea, una oportunidad única. No habíamos desayunado para tener más ganas ;-). El sitio además era muy bonito. Ya casi ni recordamos todo lo que comimos: papas (incluida la famosa Causa), cebolla, ceviche, lomo saltado, salsas de todos lo sabores (con especial mención a la Guancaina), postres como el riquísimo arroz con leche y para beber, como no, Chicha morada. Llenos no, lo siguiente…..pero que gustazo.
Para bajarlo todo dimos un paseo por la montaña del monumento del soldado desconocido que recuerda el enfrentamiento que tuvo lugar con Chile en aquel mismo lugar. Lástima de niebla pues las vistas eran preciosas. De ahí bajamos a la playa de la Herradura. Esta playa fue hace tiempo una franja de arena increíble pero el capricho de un alcalde que destrozo media montaña para hacer una carretera imposible a una playa colindante la dejó sin arena y la llenó de rocas. En esta playa está el restaurante del Salto del Fraile, donde cada cierto tiempo a lo largo del día hay un personaje vestido de fraile que se tira al agua vestido de fraile desde lo alto del montículo del restaurante a cambio de propinas…curioso. Nosotros tuvimos la “suerte” de verlo.
Desde aquí nos fuimos a mitad de tarde a casa. Vittorino tenía una reunión y nosotros ganas de siesta. Luego hicimos un poco de trabajo en las redes y para rematar bien el día, nos tomamos un pisco cuando llegó Vittorino de la reunión. Gran día.
Definitivamente este ciudad merece 2 o 3 días de visita, aunque mucha gente la abandone nada más aterrizar para dirigirse a los grandes puntos turísticos.
Total gasto para 2 personas, 2 días: 68,13€
– Alojamiento: 0€ (Coachsurfing)
– Comidas: 40,8€
– Taxis: 20€
– SIM: 4,77€
– Varios: 3,18€
Total gasto por persona, 2 días: 17,03 €/persona/día