Tras el frío pasado durante la noche, a pesar de haber dormido cada uno con 2 nórdicos, nos levantamos y metimos calorías y mucho te caliente al cuerpo. Ya repuestos cargamos el todoterreno y salimos dirección al campo base. El paisaje, al estar altos, era como el desierto. Sólo de vez en cuando nos cruzábamos con algún pastor nómada y sus yaks.

También tuvimos la oportunidad de poder observar una raza de burros blancos que hay en esta zona. Al cabo de un rato tomamos el desvío que nos llevaría al campamento base. Se trataba de una pista en bastante malas condiciones, sólo apta para todo terrenos. Al cabo de una hora llegábamos al monasterio de Rongbuk, ya con el Everest enfrenté de nosotros. El monasterio es muy pequeño pero tiene mucho encanto…y unas vistas espectaculares. Enfrente del mismo hay un edificio donde se queda la gente, cuando el campamento basé esta lleno. La verdad es que parece ser muy, muy austero.

Tras las fotos, pusimos rumbo al campamento base del Everest o Chomolungma (madre del universo) como lo llaman los tibetanos. Esta tan sólo a dos kilómetros del monasterio. Y todo ello con el imponente pico de fondo. Al llegar las sensaciones son increíbles, sobre todo sí tienes un día tan claro y luminoso como el que tuvimos la suerte de disfrutar. Ahí te podías quedar horas y horas observando esta majestuosa montaña sin importante el tiempo.

En realidad hay dos campamentos base, el nuestro que era el turístico y otro situado 2 km más hacia la montaña que era el que utilizaban los alpinistas para ascender el pico desde esta vertiente y al cual no podíamos acceder. Nuestro campamento base era un realidad un conjunto de tiendas, más o menos acondicionadas, cada una de las cuales era un “hotel”. Cada hotel a su vez tenía una tienda que daba a la explanada central y otra trasera conectada a la anterior que hacia las veces de almacén y vivienda de los dueños. Estos eran gente nómada que estaba empezando ahora la temporada que solía durar de abril a octubre. En realidad muchas tiendas ni estaban montadas. Nosotros de hecho éramos los primeros clientes del año. 
Nuestra tienda tenía 8 sofás, que hacían de cama por la noche, varias mesas y una estufa de leña y estiércol en el centro que servía para calentar el agua, cocinar y darnos calor. El resto de la tienda estaba repleto de gruesas mantas para pasar la fría noche. Comimos y todo el mundo se tumbó un rato. Yo me dedique a pasear por los alrededores y a tomar fotos, como un chiquillo.

Sobre las 4:30 fuimos todos con el todoterreno a la entrada del campamento base de los alpinistas. Allí hay un montículo donde las vistas son aún mejores. A lo lejos se ven las tiendas que están montadas de forma permanente. La altitud, 5.248 metros. Aunque hacia un viento terrible, estuvimos un buen rato haciendo fotos, vídeos y echando unas risas tontas, fruto sin duda de la falta de oxígeno 😉 con el guía, el conductor y las chicas inglesas.

Luego ya bajamos a nuestra tienda a descansar (no hay que abusar). Mientras las chicas inglesas descansaban, Anna y yo salimos a pasear por el campamento para seguir haciendo fotos y disfrutar del entorno. Sobre las 10 fuimos todos a dormir. Nuestras compañeras de viaje, con un dolor intenso de cabeza.