Llegamos el viernes a Singapur. Nada más bajar del avión y entrar en el aeropuerto te das cuenta que llegas a un país civilizado y más después de estar tres semanas en la India ;-). Es un pequeño oasis en el Sudeste asiático. Ni mejor ni peor distinto, pero en este momento del viaje, lo necesitábamos.

Tras los trámites pertinentes, seguimos las instrucciones que nos había dado nuestro coachsurfer para llegar a su casa. Se trataba de una familia con 2 niños. La chica en cuestión era de Singapur y el marido, belga. Vivían en una preciosa urbanización (o condominium, como lo llaman por esos lares) con piscina, pistas de tenis y unos jardines comunes muy bonitos. El piso estaba cerca del aeropuerto así que tardamos poco. La mujer era encantadora. Nada más llegar nos invitó a probar la estupenda piscina de la urbanización para relajarnos. Y tras refrescarnos (la humedad en Singapur es terrible), estuvimos un buen rato hablando de todo y de nada. Ella nos comentó lo que podíamos hacer en Singapur. Así que nos cambiamos y nos fuimos a descubrir una nueva ciudad. Emocionante y motivador, como siempre. 🙂
Ese día teníamos pensado conocer Chinatown. Como toda gran ciudad moderna, Singapur cuenta con una red de transporte pública genial. Lo primero que hicimos es comprar la tarjeta de transporte que te sirve para los autobuses y el metro. Cuesta 4€ y es fácilmente recargable. Tened en cuenta que la carga mínima son casi 6€, sobre todo cuando vayáis acabando vuestra estancia. Chinatown es una parte de la ciudad con casas bajas y bastante antiguas, que contrastan con los típicos edificios altos modernos. Hay un montón de comercios y restaurantes y algún templo entremedio. Nosotros visitamos el templo del Buddha Tooth Relic, de dimensiones considerables y muy reluciente y espectacular. Además tuvimos la suerte de visitarlo en plena ceremonia. Sobrecogedor. Más tarde, después de una buena comida en un restaurante razonablemente barato para lo que es esta ciudad, nos dimos un paseo por las callejuelas donde se concentran la gran mayoría de comercios de la zona, todas engalanadas con los típicos adornos chinos. La verdad es que es una zona muy, muy turística, pero tiene su punto. De ahí ya nos volvimos para casa pues habíamos quedado con nuestros anfitriones para cenar. Nos llevaron a la zona de East coast, a un “food court” donde organizan mesas y sillas alrededor de distintos chiringuitos donde se puede comprar la comida. Genial. Estaba a tope de gente. Degustamos varios platos típicos de la zona. Todo delicioso. Después de camino a casa, nos dieron una vuelta en coche por la zona de Orchand road, para que la viéramos por la noche, en todo su esplendor con las espectaculares tiendas de lujo de esta calle: Dior, Gucci, Rolex, etc. Llegamos a casa extenuados de todo el día.

El sábado decidimos visitar Little India, por sí no habíamos tenido suficiente con 3 semanas de viaje en moto por allí, jejeje. Personalmente no nos gustó mucho salvo el Tekka centre,  donde gastronómicamente volvimos por un rato a India y su deliciosa gastronomía. Seguimos paseando hasta llegar a Arab street. Allí visitamos la pulcra y bonita mezquita del Sultán. Muy bonita. Posteriormente estuvimos paseando por las calles adyacentes. Es una zona de casas antiguas de 2 plantas con multitud de negocios en los bajos y muchísima vida. Puedes encontrar casi de todo. Decidimos comer allí. Tras la comida, como era pronto, decidimos ir a los alrededores de Marina Sands Bay, para hacer fotos del entorno. Casi nos perdemos en los accesos subterráneos llenos de tiendas y restaurantes por todos lados, wow. Estuvimos visitando los edificios de los teatros.  De ahí fuimos caminando a ver uno de los símbolos de Singapur, the Merlion, mitad pez, mitad león. Luego estuvimos disfrutando (y fotografiando) el atardecer en esta bahía. Era increíble ver sobre la fachada del famoso hotel el atardecer reflejándose con todas sus distintas tonalidades.

El domingo nos levantamos y fuimos junto a nuestra pareja de anfitriones a un mercado local cercano. Ese día cocinábamos juntos. El mercado era similar a todos los que habíamos visto por Asia pero limpio. Así es Singapur, limpio y ordenado. Había de todo, carne pescado, verduras, especies…y hasta una ‘food court’ donde desayunamos (más bien comimos) a lo grande platos típicos de Singapur. Con toda la compra, nos dirigimos a casa. En el trayecto Anna empezó a sentirse bastante mal del estómago con lo que decidimos descansar y dejar lo de la comida para otro día. Además nuestros anfitriones tenían una boda por la tarde. Es increíble lo bonitos que son los trajes típicos de celebración en esta parte de Asia. Estaban los 4, niños incluidos, espectaculares. Por la tarde, como Anna se encontraba mejor, decidimos volver a Marina Sands Bay pero esta vez para subir a su famoso mirador. Tras pagar los 12,9€ de la entrada, subimos. Y la verdad es que tienes una visión total de la ciudad, con el puerto y la costa. Valió la pena. Además se puede admirar el skyline y un precioso atardecer. Pese a un pequeño chaparrón que sufrimos, disfrutamos la puesta del sol. Experiencia recomendable.

Al día siguiente regresamos de nuevo a la zona de Marina Sands. Este día tocaba hacer el crucero por el río. Fue una experiencia muy agradable pues puedes contemplar la zona financiera por un lado y la colonial por otro pero te puedes ahorrar los 12,89€ del billete haciendo lo mismo a pie pero bueno ya que lo hicimos, lo disfrutamos. Tras el paseo, volvimos a Chinatown a comer y de ahí a casa. Teníamos que comprar todo lo necesario para preparar para nuestros anfitriones la cena. El menú era: gazpacho, tortilla de patata y calamares a la romana. Ellos pusieron el vino. Estaba buenísimo. Aunque donde este uno español….. ;-). La cena salió rica, rica y ellos quedaron encantados. De postre saboreamos unos mini donuts. Nos despedimos y a dormir. Una vez más recomendamos la experiencia del Coachsurfing: te permite ahorrar dinero y conocer más del país desde dentro.

El martes tocaba levantarse pronto. Cambio de país. Íbamos a Bali.
La verdad es que nos ha encantado a Singapur. Es una ciudad grande pero muy manejable gracias al buen transporte público. Increíble lo civilizada que es la gente. Incluso en el metro tienes marcadas las colas para que no haya apretones ni empujones. Y casi no los hay. Como en España, jajaja. Y hay mucho que hacer y varios lugares con encanto que visitar. Nos guardamos para una segunda visita la isla de Sentosa y el zoo y su Safari nocturno. En muchos aspectos es muy similar a Hong Kong.
Total gasto para 2 personas, 4 días: 397,74€
– Avión: 171€
– Transporte: 45,93€
– Alojamiento: 0 -Coachsurfing-
– Comidas: 105,42€
– Visitas: 52,76€
– SIM: 16,41€
– Varios: 6,22€
Total gasto por persona, 4 días: 49,71 €/persona/día