Después del buen sabor de boca que nos había dejado Ella y su entorno y lo a gusto que nos habíamos encontrado, tocaba volver a coger aTukyy regresar a la carretera, esta vez destino a Tissamaharama y el Parque Nacional de Yala.
Los primeros kilómetros transcurrieron literalmente hacia abajo, descendiendo mucho a través de una carretera buena pero con bastantes curvas. Tras un buen rato regresábamos a la llanura y las carreteras rectas, camino hacia el mar.
En unas 3 horas nos plantábamos enTissamaharama, más conocida como Tissa, a secas. Esta ciudad es muy conocida porque la gente la utiliza de base para visitar el Parque Nacional de Yala que se encuentra a una hora de coche. La ciudad está repleta de empresas que organizan estos tours.
Para empezar, nos pusimos a buscar hostal con un par de referencias de la Lonely Planet pero antes de que entráramos en el primero nos abordaron dos chicos para que fuéramos a conocer el suyo así que, como no teníamos nada que perder, allá que fuimos. La verdad es que era bastante normalito pero conseguimos un precio increíble tras negociar un poco. Nos dejaron la habitación doble con baño dentro, mosquitera y wifi por 1.300 LKR (7,95 €). El lugar tenía un patio amplio con sillones y además ofrecían el safari por 5.000 LKR (30,6 €) por persona, más o menos como todos. Le dijimos que pensaríamos lo del safari.
Nos fuimos a rodar conTukypara enterarnos de los precios de los safaris en un par de hostales cercanos pero todos estaban por ese precio así que no le dimos más vueltas y lo confirmamos en nuestro hostal. Luego, como era temprano (sobre mediodía) decidimos acercarnos aKirindaa 12 km de Tissa hacia el sur. Allí visitamos elTemplo de la Roca, un templo al lado del mar. Desde lo alto del mismo era posible apreciar una gran parte de este litoral, lleno de playas kilométricas de arena blanca, donde poder perderse tranquilamente.
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Después de las pertientes fotos, nos acercamos a una playa cercana a “investigar”. Como era domingo y la más cercana al pueblo, estaba a reventar de gente del lugar disfrutando del mar, las olas, el sol…nos pedimos en un chiringuito que había en la misma playa un cocacola y unaginger beer, nos sentamos en la arena y a disfrutar del momento como los lugareños. 🙂
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Nos relajamos (no sé de qué) un buen rato y de nuevo vuelta a Tissa. Esta es una bonita ciudad repleta de verdes arrozales por todos lados. En primer lugar visitamos la dagoba deYalata Wehera. Más o menos como las que ya habíamos visto pero rodeadas de unos preciosos estanques de lotos.
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De allí, nos dirigimos a ladaboga de Tissa, de casi 60 metros de altura y muy bien conservada. Además coincidió que había bastante gente, especialmente niños y jóvenes, con lo que fue una visita muy chula.
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De aquí, acercándose el atardecer, nos dirigimos al paseo ribereño del enorme lago artificial deTissa Wewa. La verdad es que estaba precioso a esas horas. Os recomendamos visitarlo a estas horas pues es el momento en el que cientos de pájaros llegan para posarse en un enorme árbol que hay en uno de los extremos del lago. Es realmente espectacular.
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Y ya de ahí para el hostal. De camino paramos en un puesto de comida con terraza para cenar unos exquisitoshoppers, una especie de crepes crujientes con un huevo encima y que te hacen en el momento. Son muy típicos en el centro y sur del país. Simples pero buenos. Además pasamos un buen rato con la familia que regía el negocio.
Al día siguiente nos tocó madrugar para visitar el safari delParque Nacional de Yala, una de las visitas estrella de este país. Este parque es uno de los mejores del mundo para poder observar leopardos. Solo en el bloque I hay catalogados 25 ejemplares.
Los safaris pueden ser de mañana, entre las 5:30 de la mañana y las 12, aproximadamente, de tarde entre las 15 y las 19 horas o de día entero entre las 5:30 y 17 horas. Nosotros escogimos el de por la mañana, así que a las 4:30 ya estábamos fuera del hostal esperando a que nos recogiera el jeep.
Entre el traslado, los trámites a la entrada, nos plantamos dentro del parque a las 06:00 más o menos. La verdad es que es brutal la cantidad de jeeps que acuden a la visita. De hecho no hay restricción legal en cuanto al número de jeeps dentro del parque, tal como nos comentaba un guía. Al menos nuestro jeep era muy cómodo, amplio y de calidad.
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Desde el principio pudimos observar muchos tipos de animales: pavos reales a mansalva, elefantes, búfalos de agua, muchos tipos de pájaros, etc….es excitante observar animales salvajes en su habitat natural y tan cerca. A mitad de mañana paramos a desayunar en una playa cercana, como todo el mundo. A los 5 minutos de reanudar la marcha, nos paramos en una zona con una especie de laguna. Había varios jeeps parados. Nuestro guía nos informó de que había un leopardo encima de un árbol. Costaba verlo incluso con prismáticos pero bueno, al menos habíamos visto uno. Estábamos pasándonos los prismáticos de unos a otros en el jeep cuando de repente vimos otro leopardo salir corriendo de entre la maleza, a unos 5 metros del jeep. I M P R E S I O N A N T E…nos quedamos paralizados. Evidentemente no nos dió tiempo a hacer una foto ni por asomo, pero fue un momento único, de verdad.
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Después ya estuvimos dando vueltas esperando a ver más animales. Lo que relativamente fácil era ver elefantes a los que además te podía acercar, tranquilamente con el jeep, sin que se asustasen. Una experiencia muy chula.
Pese a todo el mogollón de jeeps y gente, recomendamos la visita a Yala.
Llegamos al hostal sobre las 12:30, hicimos las mochilas y todavía con la emoción de la visita, pusimos rumbo a Mirissa, a casi 120 kilómetros.
Resumen de la etapa:
Ella – Tissa
Tiempo invertido: 3 horas.
Kilómetros: 88 km.
Tipo carretera: bastante curva, carretera de montaña al principio pero luego buena.