Cuando nos despertamos, nos llevamos una gran sorpresa: la explanada donde habíamos acampado la noche anterior tenía unas increíbles vistas a una larguísima playa. Genial, desayuno con vistas. Tras reponer fuerzas, emprendimos ruta hacia Dunedin. Cogimos a ratos las “scenic routes”, tramos de carretera que discurrían en zonas preciosas. En nuestro caso eso supuso meternos por carreteras con curvas y precipicios pero, valió la pena. Las vistas fueron sublimes.
Decidimos coger de nuevo la carretera “normal”. A mitad de mañana, llegamos a Dunedin, a las puertas de la península de Otago. Aparcamos el coche y fuimos al i-site a que nos explicara que visitar. Nos explicaron que todos los edificios e iglesias interesantes se encontraban alrededor de la zona central de la ciudad, el conocido octogono. Así que nos pusimos a pasear por esta zona. Nos dió tiempo incluso a ir de tiendas y descubrir lo apreciado que es en este país la ropa que esta hecha con lana de Merino.

Tras un buen rato, nos pusimos en marcha de nuevo. Este día tocaba conducir bastantes kilómetros, así que no hicimos más paradas. De hecho el paisaje tampoco lo requería. Eso sí, nos gustaría comentar que tuvimos la oportunidad de conducir por la llamada “carretera presidencial” entre las localidades de Clinton y Gore, jajajaja…y esto es literalmente cierto.
Al fin después de mas de 5 horas llegábamos a Invercargill. Habíamos visto en nuestra App que había un camping libre cerca de Invercargill, en Wallacetown, así que para allí fuimos. Nos acoplamos en el recinto de acampada y pasamos allí la noche.
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