Teníamos que estar en el i-site a las 8:30 para que nos recogiera el autobús que nos llevaría a Milford Sound así que ese día nos tocaba madrugar.

El día había salido nublado pero nuestro ánimo y buen humor eran inquebrantables. Éramos tan sólo 6 en el tour, es lo bueno que tiene la temporada baja.

El tour incluía paradas a lo largo del camino para ver sitios interesantes e incluso hacer pequeños trekkings. En este sentido las opciones que ofrece esta zona son muchísimas.
Los primeros kilómetros transcurrieron a orillas del lago de Te Anau. La primera parada fue al cabo de unos 50 km. Paramos en una zona de lagos con pasarelas muy bonita, Mirrow lakes, pero en ese momento estaba muy nublado y los lagos no hacían de “espejos” para la típica foto. Seguimos adelante y paramos en un centro de visitantes con información sobre la flora y fauna del lugar. Poco a poco ya nos íbamos acercando al famoso túnel de Homer que daba acceso al siguiente valle al final del cual embarcaríamos para realizar el crucero.  Se trataba de un túnel estrecho y angosto que daba un poco de respeto, más bien angustia. Pero nada más salir del mismo el espectáculo era increíble. Se podían ver numerosas cascadas de agua saliendo de la parte alta de las montañas. Se podía decir que las montañas estaban literalmente llorando.El espectáculo era mágico. Paramos para hacer fotos pero era casi imposible que estas recogieran el momento, así que lo guardamos en nuestras retinas. Tras un rato descendiendo por curvas bastante cerradas, llegamos a Milford Sound, una hora y media después de haber salido de Te Anau. Poco había en aquel lugar: el puerto de donde partían los barcos, un aparcamiento y algunos alojamientos además de un camping. En ese momento el tiempo había dado una tregua. Estaba algo nublado pero había buena visibilidad y aprovechamos para tomar fotos. El fiordo era precioso: el agua de mar entrando por un estrecho valle de altas montañas con numerosas cascadas.
La primera parte de la navegación, hasta el mar abierto, la disfrutamos mucho. El mar estaba calmado y el día había despejado bastante. Pudimos ver varias cascadas muy bonitas. E incluso un grupo de focas, pasando el día sobre una roca. Una vez llegamos a mar abierto, dimos la vuelta y el tiempo empeoró rápidamente. Cambiamos la Nikon por la GoPro y a continuamos haciendo fotos. A mitad de recorrido el barco se acercó a una gran cascada que cae directamente al agua del fiordo. Resultó espectacular pues el barco se quedó realmente muy cerca de la caída. En el trayecto de vuelta aprovechamos para comer en el salón del barco una increíble pita, incluida en el precio del tour (61,5€ con traslados de ida y vuelta). Además te ofrecían café y te gratis, lo cual, con el fresquete que hacía, no iba nada mal. Y de aquí, tras desembarcar, cogimos la furgoneta para Te Anau. De camino hicimos una última parada para hacer el Chasm Walk, un corto Trekking que atraviesa una zona de rocas muy erosionada por el paso del abundante caudal de agua de un río. Impresionante y más en época de lluvias.
Aún a pesar de llovernos en algunos tramos, disfrutamos mucho la visita a este precioso y único fiordo y hasta tuvimos suerte: nos enteramos posteriormente que al día siguiente, a causa de las lluvias y la nieve, cerraron la preciosa carretera entre Te Anau y Milford Sound.
Tras recoger la “ruiditos” (así habíamos decidido bautizar a nuestra campervan por las numerosas alarmas que tenía), seguimos nuestro camino. Teníamos localizado un camping libre al lado de la carretera, a unos kilómetros de Te Anau, camino a Queenstown, nuestro próximo destino. De esta manera adelantábamos algo de camino.
Para ver gastos, id al último post (etapa 28)