China… la que poca gente visita!!!

¡Menudo viajazo nos marcamos por China! Un recorrido inolvidable que nos llevó desde los paisajes de ensueño de Guilin hasta la espiritualidad del Tíbet, pasando por ciudades con historias fascinantes y gastronomía de otro nivel.

Empezamos en Guilin, una ciudad rodeada de formaciones kársticas espectaculares que parecen sacadas de una pintura china tradicional. Nos embarcamos en un crucero por el río Li, donde cada curva nos regalaba postales vivas de montes y aguas cristalinas. La tranquilidad de este recorrido nos hizo desconectar completamente y empezar a sumergirnos en la magia de China.

 

Desde Guilin, nos desplazamos a Xinping, un pequeño pueblo que conserva el encanto de la China rural. Pasear por sus callejones empedrados fue como viajar en el tiempo. Subimos hasta la cima de Laozhai Hill, un ascenso duro pero absolutamente recompensado con una vista panorámica impresionante del río serpenteando entre las montañas. No hay foto que haga justicia a este lugar.

La siguiente parada fue Yangshuo, una joya rodeada de arrozales y colinas kársticas. Aquí decidimos recorrer la zona en bicicleta, una de las mejores decisiones del viaje. Nos cruzamos con campesinos trabajando en los campos, atravesamos pequeñas aldeas y nos sentimos completamente inmersos en la vida rural china. Por la noche, asistimos al espectáculo de luces en el río Li, dirigido por Zhang Yimou, el mismo director de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín. Fue una experiencia visualmente impactante.

Desde Yangshuo, tomamos un largo tren hacia Jiayuguan, una ciudad con una historia impresionante. Visitamos el fuerte de Jiayuguan, la última gran fortificación de la Gran Muralla en su extremo occidental. Imaginar a los comerciantes de la Ruta de la Seda cruzando por aquí, cargados de mercancías y rodeados de un paisaje árido y hostil, fue una de las experiencias más evocadoras del viaje.

Siguiendo nuestra ruta, llegamos a Zhangye, famosa por las Montañas del Arcoíris en el Parque Geológico de Danxia. Estas formaciones naturales de colores vibrantes parecen sacadas de otro planeta. Hicimos varias caminatas por los senderos del parque y cada mirador nos ofrecía una perspectiva nueva y fascinante de este fenómeno geológico único en el mundo.

 

 

Nuestra siguiente parada fue Lanzhou, una ciudad clave en la Ruta de la Seda. Allí, no podíamos dejar de probar los famosos fideos estirados a mano, una especialidad local que se ha convertido en uno de los platos más representativos de la gastronomía china. La destreza de los cocineros para estirar la masa en finas hebras es hipnotizante, y el sabor es simplemente delicioso.

Finalmente, llegamos al Tíbet, uno de los puntos culminantes del viaje. Desde el momento en que pusimos pie en Lhasa, sentimos una energía especial. La ciudad, rodeada de montañas imponentes y con una atmósfera cargada de espiritualidad, nos cautivó por completo. Visitamos el Palacio de Potala, antigua residencia del Dalai Lama, un edificio majestuoso con pasillos y salas llenas de historia y significado. También recorrimos los monasterios de Jokhang y Sera, donde presenciamos los famosos debates de los monjes, un ritual impresionante en el que discuten cuestiones filosóficas con gestos teatrales y enérgicos.

 

 

 

Consejillos para quien se anime a hacer un viaje así:

Aprender algunas palabras en mandarín ayuda más de lo que crees.

Probarlo TODO en comida (y llevar algo para el estómago por si acaso).

El transporte es clave: trenes nocturnos, bicis y ferris hacen la experiencia más auténtica.

En el Tíbet, tomarlo con calma para adaptarse a la altura.

Si estás pensando en China como próximo destino, ni lo dudes. Te sorprenderá en cada esquina. ¡Nosotros ya estamos deseando volver!CHINA