El Valle Sagrado: nuestra aventura hasta Machu Picchu en transporte público (y a pie)

Si hay un viaje que nos ha dejado con la boca abierta, ha sido nuestra ruta por el Valle Sagrado hasta llegar a la joya de la corona: Machu Picchu. Y lo hicimos a nuestra manera, con transporte público, algo de caminata y muchas ganas de aventura.

Antes de empezar nuestro recorrido por el Valle Sagrado, pasamos unos días en Cusco, una ciudad que nos atrapó con su historia y su ambiente vibrante. Nos alojamos en casa de unos amigos de Mataró, quienes nos recibieron con los brazos abiertos y nos llevaron a probar delicias locales como el rocoto relleno, la causa limeña y, por supuesto, un buen plato de lomo saltado. También nos aventuramos a probar el cuy al horno, una especialidad local con una carne tierna y sabrosa, y la sopa de quinua, perfecta para combatir el frío cusqueño. Cusco es el punto de partida ideal para aclimatarse a la altura y descubrir rincones llenos de historia, como Sacsayhuamán y el barrio de San Blas.

Arrancamos en Pisak,

Un pueblo con un mercado vibrante y unas ruinas que te dejan sin aliento (y no solo por la altura). Allí aprovechamos para probar las empanadas de queso recién horneadas y un mate de coca para la altura. Desde ahí, nos lanzamos en bus hacia Moray, un sitio arqueológico que parece sacado de otro planeta con sus terrazas circulares. Luego, de aventón y combi, llegamos a las Salinas de Maras, un paisaje surrealista con miles de pozas de sal brillando bajo el sol, donde probamos el famoso chocolate con sal de Maras.

Nuestra siguiente parada fue Ollantaytambo,

Un pueblito que parece congelado en el tiempo. Sus ruinas imponentes nos hicieron sentir diminutos, y sus callecitas empedradas nos transportaron a otra época. Allí nos deleitamos con un ají de gallina bien cremoso y una porción de choclo con queso, una combinación simple pero deliciosa. De ahí seguimos rumbo a Santa María, donde nos tomamos un merecido descanso en sus aguas termales. ¡Nada como un buen remojo caliente después de tanto trajín! Para reponer energías, disfrutamos un estofado de cordero acompañado de papas nativas.

El tramo final lo hicimos a pie, con la emoción a tope. La caminata nos regaló paisajes de película y, cuando finalmente llegamos a Machu Picchu, el cansancio se esfumó. La primera vista de la ciudadela fue simplemente mágica, de esas imágenes que se quedan grabadas para siempre. Al final de la jornada, celebramos con un pisco sour y una pachamanca, un festín cocinado bajo tierra con carne, papas y hierbas aromáticas.

 

Este viaje nos demostró que no hace falta gastar una fortuna para vivir una experiencia inolvidable. Con un poco de planificación y muchas ganas, recorrer el Valle Sagrado con transporte público y algo de trekking es totalmente posible. Además, la gastronomía fue un gran descubrimiento: en cada parada probamos algo delicioso, como la trucha frita en el mercado de Pisak, el chiri uchu en Cusco o un buen caldo de gallina en una fonda de Ollantaytambo. Si eres amante de la buena comida, este recorrido te va a encantar. ¿Te animas a hacerlo así?