De nuevo la noche en el coche había sido bastante plácida. Esta vez sí que pasó un ranger a controlar los tickets de pago. Nosotros habíamos pagado, así que no tuvimos ningún mayor problema. Desayunamos y después fuimos a conocer los escenarios naturales que en su día sirvieron para el rodaje de varias películas del Oeste, como «Maverick» (Mel Gibson), «High Sierra» (Humphrey Bogart), «Yellow Sky» (Gregory Peck) y otras tantas. Una vez llegabas al lugar, había un sendero en el lugar marcado con pequeñas piedras para caminar y conocer la zona. Independientemente del cine, el paisaje valía la pena conocerlo. Hay formaciones geológicas muy curiosas. Además se puede observar el imponente monte Whitney, el punto más alto de los 48 estados contiguos.
En cualquier caso, el cine forma parte de la idiosincracia de este pueblo. Desde que entras lo percibes. Además cuentan con un interesante museo del cine. Cuando fuimos nosotros estaba cerrado pero tenía buena pinta.
Con un buen sabor de boca nos fuimos de Lonepine. Nuestro próximo objetivo era el Parque Nacional de Death Valley. A medida que nos íbamos acercando al mismo, el paisaje iba cambiando drásticamente. La vegetación desaparecía y todo estaba cada vez más seco. Era curioso: después de dormir ese mismo día a las faldas del pico más alto de los estados contiguos, íbamos a pasar por zonas que estaban incluso por debajo del nivel del mar. Curioso, la verdad. En mitad de todo este entorno lleno de llanura secas hasta la extenuación, existe un mirador, el Zabriskie Point, con unas vistas muy particulares. Podías contemplar unas montañas con estratos de muchos colores debido a la presencia de minerales. Era simplemente precioso y más en ese lugar. Nos recordó mucho a las montañas de colores que vimos en Zhangye en China y, aunque era muchísimo más pequeño, era igualmente hermoso.







